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Fundador de dos congregaciones religiosas y de seis seminarios, fue un gran predicador popular, emprendió más de cien misiones. Dejó escritas innumerables obras ascéticas y místicas.

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¿Quién fue San Juan Eudes?

San Juan Eudes nació en la pequeña ciudad de Ry (diócesis de Séez, en Baja-Normandía, Francia),el día 13 de noviembre de 1601. 

Su padre, Isaac, intentó seguir la carrera sacerdotal, pero fue obligado a abandonarla debido a la muerte de casi toda su familia, víctima de la peste. 

Se dedicó entonces a la agricultura, ejerciendo también las funciones de médico rural. Rezaba diariamente el breviario y rivalizaba en virtud con su esposa, Marta.

El primogénito de los siete hijos que tuvieron, Juan Eudes, fue más “fruto de la oración que de la naturaleza”. Por eso se lo ofrecieron a Nuestra Señora del Socorro, en acción de gracias por su nacimiento y no ahorraron sacrificios para darle una buena educación religiosa y temporal.

El niño correspondió al desvelo de sus padres. A los 14 años hizo voto de perpetua virginidad. En aquella época, fue enviado al colegio de los padres jesuitas de Caen, donde estudió con brillo humanidades, retórica y filosofía. 

Desde muy pequeño, por inspiración del divino Espíritu Santo, Juan Eudes tenía una profunda devoción a los Corazones de Jesús y María. En 1618 ingresó a la Congregación Mariana del colegio, para incrementar aún más su devoción a la Santísima Virgen. Recibió entonces de la Madre de Dios numerosas gracias.

En 1623, deseando hacerse sacerdote, entró en la Sociedad del Oratorio de Jesús, fundada poco antes por el famoso cardenal de Bérulle. El fundador concibió una tal estima por Juan Eudes, que lo hacía predicar en público antes de su ordenación sacerdotal.

Esta se dio en 1625. Apenas ordenado, fue a cuidar de los apestados. Pasó después al Oratorio de Caen, teniendo en vista prepararse para su carrera misionera.

Oración A San Juan Eudes | Para Orar En Cuaresma, Protección Y Amor 1

Recogimiento forzado por dos años

Desde los 22 años de edad, trabajó incansablemente en el campo de las misiones populares. Predicador nato, se hizo famoso como misionero. Se decía que desde san Vicente Ferrer, Francia no había tenido uno mayor que él. 

Maravillosamente bien dotado para la elocuencia popular, entusiasmaba a las multitudes y lograba copias ísimos frutos de penitencia. Impugnaba con vigor todos los vicios, cortaba de raíz los escándalos y a todos predicaba la verdad salvadora. 

Su ardiente caridad que manifestaba en el confesionario atraía a los penitentes, porque él, al fulminar los vicios, sabía apiadarse del pecador.

El año 1641, san Juan Eudes cumplía 40 años de edad. Fue entonces atacado súbitamente por una grave enfermedad, que lo obligó a un reposo forzado, absoluto, durante dos años. 

La Providencia Divina quería que él se preparase en el recogimiento para una nueva fase de su vida, tal vez la más provechosa:

Dios me dio estos dos años para emplearlos en el retiro, para entregarme a la oración, a la lectura de los libros de piedad y a otros ejercicios espirituales, a fin de prepararse mejor para las misiones”.

Al recuperar la salud, se lanzó nuevamente a la vida misionera con nuevo fruto. Sin embargo, se afligía al ver los resultados poco duraderos de las misiones. 

Atribuía eso a la falta de pastores cultos y piadosos que continuarán la acción de los misioneros, manteniendo encendido el fervor adquirido durante las misiones. 

Para ello faltaban seminarios en los cuales los seminaristas recibieron, a la par que las virtudes propias de su sagrado estado, preparación para ejercer los oficios de su ministerio con relación a las misiones.

Si no había seminarios, ¿por qué no fundarlos? Muchos lo aconsejaban en ese sentido. Pero, debido a las oposiciones, él titubeaba frente a tamaña responsabilidad.

De otro lado, en las misiones él había convertido buen número de mujeres perdidas. Tocadas por la gracia, ellas querían expiar, en una existencia consagrada, su mala vida. 

El misionero las reunió en una casa alquilada. Pero era difícil dirigirlas sin que estuvieran atadas por votos religiosos.

Perseguido por enemigos internos

San Juan Eudes fue un enemigo declarado de la herejía jansenista, esa especie de protestantismo, que llevaba a las personas a alejarse de los sacramentos bajo pretexto de indignidad. 

Los adeptos de esa herejía fueron los que más combatieron las devociones predicadas por el santo. Aun no siendo él partidario de disputas públicas y violentas, refuta a tales enemigos disfrazados de la Iglesia, apoyándose en la doctrina tradicional católica y en las constituciones pontificias.

En 1643, el “sacerdote misioneroJuan Eudes abrió en esta misma casa de Caen, el primer seminario de los padres eudistas. Allí murió el 19 de agosto de 1680.

En el ocaso de la vida de San Juan Eudes tuvo que soportar pesadas cruces, como lo son las enfermedades y los lutos por amigos y benefactores; murmuraciones y calumnias, no sólo por parte de los jansenistas, también de muchas personas consagradas a Dios y que de manera injusta lo acusaban de celo indiscreto; maniobras que pretendían desacreditar ante el Papa y el rey de Francia; y, hasta la publicación de un libelo difamatorio. 

Todo eso lo persiguió hasta la tumba. Antes de su muerte había renunciado al cargo de superior general de su congregación. 

Preparándose con todos los tesoros espirituales que la Iglesia posee para la última hora, rindió su espíritu el día 19 de agosto de 1680, a los 79 años de edad.

Oración A San Juan Eudes | Para Orar En Cuaresma, Protección Y Amor 2

Oración:

Oh dios mío, todos tus deseos sobre tu iglesia y sobre mi propia persona en particular para este tiempo de gracia y bendición excepcional y el que sin duda quieres, o salvador mío, otorgan algunas gracias particulares siempre y cuando no me oponga yo a ello con mi habitual dejadez y pereza, no permitas te lo ruego de todo corazón antes, por el contrario destruye en mí cuanto pueda oponerse a tu divino querer y concédeme la gracia de cumplir en todo tu voluntad adorable.

De mi parte declaro a mi Señor y mi Dios que con todas las fuerzas de mi alma, detesto todos mis pecados para amarte sola y exclusivamente a ti y que renuncio a mi amor propio a mi propia voluntad y a cuanto aúnen me pertenezca del viejo Adam, responsable de mis vicios y miserias, darme a ti a fin de hacer y soportar cuanto sea de tu agrado en toda mi vida y especialmente durante el tiempo de esta santa cuaresma.

Oh Dios mío, quiero considerar y emplear esta cuaresma como si fuera la última de mi vida a este fin, te dedico y consagro todo en las buenas obras y ejercicios que en ella declarando que no quiero de ninguna manera hacer decir, ni pensar nada, que no redunde en tu gloria y que deseo cumplir todas mis obligaciones con la mayor perfección posible, con el auxilio de puras, ya que de todo corazón te pido, a mi Jesús, deseo pasar esta cuaresma contigo y con tu madre santísima y en la forma en que tú y ellos la pasaron mediante tu gracia.

Ustedes la pasaron en la soledad y alejamiento de todo, humana compañía y del superficial trato de los hombres, tú, oh Jesús mío, renunciaste aún la dulce conversación de tu querida madre, viviendo en perpetuo silencio en continua oración y entregando a rigurosa penitencia, ayunando durmiendo en el duro suelo del desierto y soportando toda clase de mortificaciones exteriores e interiores, en todo ello te adoro, Dios mío, como también en tus santas disposiciones espirituales y me doy a ti para acompañarte e invitarte en todo, según tu deseo, quiero contigo y por amor a ti, amar la soledad, el silencio, la oración y la penitencia. Darme las gracias, si tal es tu voluntad de dejar de lado toda conversación superficial es inútil y de renunciar a toda palabra mal o simplemente ociosa y detener toda mi alegría en conversar contigo en la oración y de hacer todas mis acciones en espíritu de oración y de recogimiento, y de sufrir por amas tuyo alguna penitencia o mortificación.

Oh salvador mío, te ofrezco las abstinencias y ayunos de esta cuaresma, unidos a los de tu santa iglesia ya los de todos tus santos hierro, de tu queridísima madre en honor y unión de tus ayunos y penitencias en santificación de nuestros pecados y para que se cumpla tu divina voluntad en tu iglesia y en mi propia persona de una manera especial. O madre de Jesús, me ofrezco a ti, hazme partícipe de las disposiciones santas con que tú mismo pasas de esa cuarezma memorable San José, ángeles santos y Santas de Jesús, jueguen por nosotros y alcancemos se los pido la gracia de pasar todo este tiempo santo así, como todo el restante de mi vida en el servicio de mi Dios, según su santa voluntad”.